| Tarot Roberta | consulta de Tarot y Rituales |

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ūüßô‚Äć‚ôÄÔłŹ Sobre mi: Tarot Roberta

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Tarot | En toda su expresión por: Tarot Roberta 

Introducción:

A lo largo del Renacimiento, las “Im√°genes de los dioses antiguos” despertaron curiosidad en la memoria que se atribu√≠a un gran valor √©tico y moral. En ese momento naci√≥ el juego del tarot: uno de los logros m√°s extraordinarios del humanismo italiano. Re√ļne a los representantes m√°s augustos del pante√≥n griego flanqueado por virtudes cristianas, im√°genes aleg√≥ricas de las condiciones humanas y s√≠mbolos de los objetos celestes m√°s importantes.

Las cartas del tarot eran un gran juego de memoria que abarcaba las maravillas del mundo visible e invisible y proporcionaba a los jugadores instrucciones físicas, morales y místicas. De hecho, la serie de virtudes son: (Fuerza, Prudencia, Justicia y Templanza) les recordó importantes preceptos éticos; la serie de condiciones humanas era ser: (emperador, emperatriz, papa, y malabarista) recordaba la jerarquía a la que estaba sujeto el hombre; la de los planetas (Estrellas, Luna, Sol) aludía en cambio a las fuerzas celestiales que sometieron a los hombres, en los cuales el Universo fue concebido por Dios.

Pero el uso del tarot pronto gan√≥ la ventaja sobre el aspecto did√°ctico-moral del juego, que no se entend√≠a a principios del siglo XVI. A este malentendido correspondi√≥ un cambio preciso en la iconograf√≠a de las figuras, que se transformaron de una regi√≥n a otra seg√ļn los diferentes gustos y corrientes de pensamiento populares.

Solo a fines del siglo XVIII se redescubri√≥ el contenido filos√≥fico del tarot, pero, a partir de premisas totalmente esot√©ricas, los nuevos int√©rpretes dieron lugar a un nuevo uso del juego: m√°gico y adivinatorio. En un famoso art√≠culo publicado en 1781 por el¬†arque√≥logo-mas√≥n¬†A.¬†Corte¬†de¬†G√©belin¬†est√° contenida la frase: “El libro de¬†Toth” existe, y sus p√°ginas son las figuras de los tarot. Unos a√Īos m√°s tarde, otro mas√≥n, Etteilla, comenz√≥ un importante proyecto de restauraci√≥n de las figuras, afirmando conocer la estructura del juego utilizado por los antiguos egipcios.

Seg√ļn¬†Etteilla, los primeros tarots conten√≠an el misterio del origen del Universo, las f√≥rmulas de ciertas operaciones m√°gicas y el secreto de la evoluci√≥n f√≠sica y espiritual de los hombres.

A partir de ese momento, el juego del tarot estaba inextricablemente vinculado al mundo de la magia y, con la promesa de objetivos mucho m√°s altos que el simple conocimiento del ma√Īana, y all√≠ empez√≥ el tarot oculto.

Armonía Celestial.

El Tarot es un juego italiano compuesto por 56 cartas numerales llamadas “semillas italianas” (tazas, dinero, espadas, palos) del mundo √°rabe, que a su vez derivaron los s√≠mbolos de las semillas de la antigua moneda romana de los Aes (s√≠ ver nuestro ensayo el origen de los Ases) – apareci√≥ en Italia en el segundo. XIV y 22 im√°genes llamadas “Trionfi – (Triunfos)”. Este juego se refiere al Triunfo de Francesco Petrarca, en el que el poeta del siglo XIV describe las seis fuerzas principales que gobiernan a los hombres al atribuirles un valor jer√°rquico. La¬†numerolog√≠a¬†romana vio en los Seis “el poder sobrehumano,” ya que los Seis correspond√≠an a los d√≠as de la creaci√≥n b√≠blica. Primero viene el Amor (Instinto), que corresponde a una fase juvenil, ganada por Modestia (Castidad, Raz√≥n), una fase posterior de calma madura, seguida por la Muerte, que significa la fugacidad de las cosas terrenales; Sin embargo, es ganada por la Fama, victoriosa sobre la muerte en memoria de la posteridad, pero sobre ella triunfa el Tiempo, que finalmente est√° dominado por el Triunfo de la Eternidad, que aleja al hombre del flujo del devenir y lo coloca en el reino de lo eterno.

El n√ļmero de cartas del triunfo, cuya concepci√≥n se debe al Pr√≠ncipe Francisco¬†Antelminelli¬†Astrac√°n¬†Fibbia¬†(ver nuestro ensayo el Principe), parece haber estado compuesto inicialmente por 8 alegor√≠as, luego llevado a 14 y 16 para finalmente estabilizarse en 22, n√ļmero que en el sentido m√≠stico cristiano representa la introducci√≥n a la sabidur√≠a y a las ense√Īanzas divinas impresas en los hombres. Este camino, que denuncia una adaptaci√≥n progresiva de estas “cartas” a los dictados¬†numerol√≥gicos¬†de naturaleza religiosa, probablemente se adopt√≥ para evitar la condena de la Iglesia que hab√≠a atacado repetidamente los juegos de cartas considerados juegos de azar.

Con respecto al n√ļmero 22, as√≠ es como se expresa Origen, el m√°s alto Padre de la Iglesia: “En la disposici√≥n num√©rica, los n√ļmeros √ļnicos contienen cierta fuerza y ‚Äč‚Äčpoder sobre las cosas y de este poder y fuerza que el Creador del universo ha usado, a veces para la constituci√≥n del universo mismo, que a veces significa la naturaleza de las cosas individuales tal como se nos presentan. Luego se deduce que, seg√ļn las Escrituras, es necesario observar y derivar aquellos aspectos que pertenecen individualmente a los n√ļmeros mismos. Los mismos libros del Antiguo Testamento, tal como los transmitieron los jud√≠os, son veintid√≥s, y para ellos el n√ļmero de elementos jud√≠os es igual, y esto no es sin raz√≥n. De hecho, veintid√≥s cartas parecen ser la introducci√≥n a la sabidur√≠a y a la doctrina impresa con estas figuras en los hombres, as√≠ como los “veintid√≥s libros de las escrituras” constituyen el fundamento y la introducci√≥n de la sabidur√≠a de Dios al conocimiento del mundo “(Select.¬†in¬†Ps¬†1 – PG 12, 1084). En otras palabras, Or√≠genes “refiri√©ndose a los 22 libros inspirados en la Biblia ve en las veintid√≥s letras que componen el alfabeto hebreo, una introducci√≥n a la sabidur√≠a y las ense√Īanzas divinas impresas en los hombres” (A.¬†Quacquarelli,¬†sv¬†Numeri, en¬†DPAC, pp.2447 -2448).

La teolog√≠a medieval asigna un orden preciso al universo, formado por una escala simb√≥lica que se eleva de la tierra al cielo: desde la cima de esta escala, Dios, la Primera Causa, gobierna el mundo, sin intervenir directamente, pero operando gradualmente, es decir. A trav√©s de una serie ininterrumpida de intermediarios para que su poder divino se transmita a las criaturas inferiores, al humilde mendigo. En lugar de leer desde abajo hacia arriba, la escalera ense√Īa que el hombre puede ascender gradualmente en el orden espiritual subiendo a los picos de la ciencia y la virtud, y de los que se acercan a dios.

Desde el primer orden del triunfo conocido, que se remonta a principios del siglo XVI, est√° claro que era un juego √©tico. El Malabarista (Bagatto) representa al hombre pecador (vea nuestro ensayo la bagatela, o el s√≠mbolo del pecado) al que se le han dado gu√≠as temporales como; “la emperatriz” y “el emperador” y gu√≠as espirituales. El Papa y la suma sacerdotisa (la fe) son los instintos humanos que deben ser mitigados por las virtudes: el amor de la templanza y el deseo de poder, es decir, el carro, de la fuerza (la virtud cristiana “fortific√≥”). La Rueda de la Fortuna ense√Īa que todo √©xito es ef√≠mero y que incluso los poderosos est√°n destinados a convertirse en polvo.El Ermita√Īo, que sigue la Rueda, representa el tiempo al que cada ser debe someterse y la necesidad de que cada hombre medite sobre el valor real de la existencia, mientras que el Hombre ahorcado (el Traidor) denuncia el peligro de caer en la tentaci√≥n y en pecado antes de que llegue la muerte.

Incluso el m√°s All√° est√° representado seg√ļn la t√≠pica concepci√≥n medieval: el infierno y, por lo tanto, el Diablo, se coloca debajo de la corteza terrestre por encima de la cual se extienden las esferas celestes. Como en el cosmos aristot√©lico, la esfera terrestre est√° rodeada por el c√≠rculo de “fuegos celestes”, representados por un rayo que golpea una torre. Las esferas planetarias son sintetizadas por las tres estrellas principales: Venus, la estrella por excelencia, la Luna y el Sol. La esfera m√°s alta es el Emp√≠reo, asiento de los √Āngeles que en el d√≠a del Juicio ser√°n llamados a despertar a los muertos de sus tumbas. En ese d√≠a triunfar√° la Justicia divina, sopesando almas y dividiendo lo bueno de lo malo. Sobre todo est√° el Mundo, que es “El Dio Padre”, como escribi√≥ un monje an√≥nimo, que coment√≥ sobre el Tarot a principios del siglo XVI. El mismo religioso coloca al Loco despu√©s del Mundo, como para indicar su extra√Īeza a cada regla y ense√Īanza porque, al carecer de la raz√≥n, no pudo entender las verdades reveladas.

La idea del escolasticismo que ten√≠a como objetivo validar las verdades de la fe mediante el uso de la raz√≥n, reuni√≥ en la categor√≠a de ignorantes a todos aquellos que no cre√≠an en Dios. En el Tarot, la presencia del ignorante que adquiere, por lo tanto, un significado m√°s profundo: como due√Īo de raz√≥n pero no creyente, tuvo que convertirse, a trav√©s del A trav√©s de las ense√Īanzas expresadas por la Escala m√≠stica, “Folle di Dio”, ya que se convirti√≥ en el santo m√°s popular, es decir Francisco, que se llamaba “El Sancto¬†Jullare¬†y el¬†Sancto¬†Folle di Dio” (“Nunca m√°s fue buena suerte, / M√°s feliz¬†,¬†ni mayor, / Que, por celo y por amor, / Y el que¬†se vuelva loco “, canci√≥n a bailar de¬†Giro lamo¬†Benivieni, 1453-1542).

Durante el siglo XV, el juego del tarot se llamaba¬†Ludus¬†Triumphorum. Solo a principios del siglo XVI apareci√≥ la palabra “Tarocco” (o sea el tarot), probablemente atribuida a estas cartas cuando su contenido √©tico se olvid√≥ en detrimento del aspecto l√ļdico, incluso si alg√ļn buen jurista afirm√≥ ver en ellas “algo virtuoso”…

El primer documento conocido en el que aparece el t√©rmino “Tarochi” (tarots o mejor dicho; tarot). En referencia al juego, es un registro de cuentas de la corte, estas seria relacionadas con la segunda mitad de 1505, en una anotaci√≥n fechada al 30 de junio. Luego reaparece por segunda vez en el mismo registro el 26 de diciembre.

Iconografía Alegórica.

Las alegor√≠as presentes en los mapas de los Triunfos pertenecen a un repertorio figurativo habitual en nuestro Occidente medieval, que se encuentra en los frescos de las catedrales, en los palacios p√ļblicos y en los tratados enciclop√©dicos y astrol√≥gicos de la √©poca. En la pr√°ctica, las figuras presentes en las cartas de los Triunfos se configuran como una verdadera “Biblia Pauperum”, es decir, una “Biblia de los Pobres”. Mediante el uso l√ļdico de las cartas, la gente extrajo directamente de estos un conocimiento del misticismo cristiano y sus contenidos, conceptos que fueron continuamente enviados a la mente, favoreciendo as√≠ un m√©todo vinculado al¬†Ars¬†Memoriae¬†de la √©poca.

Fue posible descifrar el contenido de las figuras individuales presentes en los mapas de “Triumph”¬†al referirlas al contexto cultural de las cortes principescas del valle del¬†Po, con su gusto por las im√°genes moralistas extra√≠das tanto de la tradici√≥n religiosa, especialmente de la b√≠blica, como de la mitolog√≠a cl√°sica. De hecho, durante la edad media y el Renacimiento, los “dioses antiguos” continuaron estando presentes en la cultura cristiana, aunque con un car√°cter diferente al de la divinidad. Por un lado, se los consideraba h√©roes civilizadores que ense√Īaban a los hombres muchas artes, como Minerva, considerada la primera tejedora, o Apolo, el dios m√©dico. Otra concepci√≥n los interpret√≥ como alegor√≠as de vicios y virtudes, y es con esta prenda que se representan en algunos mapas triunfales. Por ejemplo, la virtud cristiana de “Fortitudo” est√° representada en el papel de la Fuerza por el m√≠tico H√©rcules que derrota al le√≥n¬†Nemean, s√≠mbolo de los instintos animales; El amor, en su significado de pasi√≥n instintiva, es retratado por la intenci√≥n de Cupido de lanzar sus flechas a los amantes incautos; El Sol (en el sentido de “Veritas”) es personificado por Apolo, que ilumina la tierra con su disco.

Muchas figuras del tarot reflejan claramente la iconografía cristiana como, por ejemplo, la imagen del mundo, representada en los mapas del siglo XV de la Jerusalén celestial colocada dentro de una tondo apoyada por ángeles y a veces dominada por la Gloria. Refiérase a la imagen del papel de Faith the Papessa, similar al pintado por Giotto en la Capilla Scrovegni en Padua. Y los ejemplos podrían continuar.

Otras fuentes de inspiraci√≥n fueron los tratados astrol√≥gicos de la √©poca. La figura del¬†Bagatto o Malabarista aparece entre los “Hijos de la Luna”, es decir, entre los oficios sujetos a la influencia de la estrella. La figura del “Misero”, o Folle, se encuentra entre los “Hijos de Saturno”; la de los Amantes entre los “Hijos de Venus”; el papa entre los “Hijos de J√ļpiter” y el emperador entre los “Hijos del Sol”. Adem√°s, las figuras de astr√≥logos aparecen en diferentes mazos de triunfos para representar la luna o las estrellas.

Finalmente, hay imágenes tomadas de la vida cotidiana. Un ejemplo de considerable interés se encuentra en la figura del Appeso, que se refiere al castigo que se impuso a los traidores en el período medieval. En el fresco del Infierno de 1410, una obra de Giovanni da Modena (Cappella Bolognini, S. Petronio, Bolonia), una figura idéntica sirvió como representación de la pena de castigo por idolatría, considerada la mayor forma de traición. Destinado a desautorizar al creador de uno.

El Divino Ermete.

En la antig√ľedad,¬†Hermes, asociado con el dios “egipcio Thoth”, fue considerado el inventor de la escritura, de las ciencias y autor de numerosos tratados¬†m√°gico-religiosos. Durante el Imperio Romano, los textos herm√©ticos fueron¬†re interpretados¬†en la escuela de Alejandr√≠a en Egipto a la luz de la filosof√≠a griega, en particular de Pit√°goras y Plat√≥n, mientras que los Padres de la Iglesia consideraron a¬†Hermes¬†con gran respeto en virtud de las analog√≠as de ciertos pasajes de los Evangelios.¬†Con¬†algunos escritos atribuidos a √©l.

En 1460, un manuscrito encontrado en Macedonia y atribuido err√≥neamente a¬†Hermes¬†Trismegisto¬†fue llevado a¬†Cosimo¬†de ‘M√©dico, Se√Īor de Florencia. Este trabajo, traducido en 1463 por el sacerdote y fil√≥sofo¬†Marsilio¬†Ficino, fue seguido por traducciones de textos plat√≥nicos que revelaron una fascinante concepci√≥n del Cosmos. Seg√ļn esta filosof√≠a, el Universo converge hacia la Unidad Divina ordenada seg√ļn los grados de perfecci√≥n representados por los c√≠rculos conc√©ntricos de las esferas planetarias y celestes. En el hombre hay un principio divino, el Alma, que ya durante la existencia terrenal puede llevarlo a la contemplaci√≥n del Bien Supremo a trav√©s del ejercicio de las virtudes y la meditaci√≥n de las diferentes entidades angelicales.

Otro aspecto filos√≥fico importante implicaba la idea de que el universo se reflejaba en todo lo que existe. El hombre fue concebido como un “mundo peque√Īo”, un Microcosmos id√©ntico en estructura y contenido al Macrocosmos. Los fil√≥sofos del Renacimiento, comenzando con¬†Ficino, imaginaron sistemas elaborados de correspondencias entre las estrellas del firmamento y las diferentes partes del organismo humano. A estos supuestos lleg√≥ la revalorizaci√≥n de la magia, la astrolog√≠a y la alquimia, el arte herm√©tico por excelencia. Tales ciencias habr√≠an ayudado al hombre a comprender los lazos secretos que mantienen unido el universo e influyen en el comportamiento humano. As√≠, las antiguas divinidades astrales, Saturno, J√ļpiter, Marte, Venus, Mercurio, el Sol y la Luna, volvieron a desempe√Īar el papel de esp√≠ritus poderosos y temerosos a quienes pod√≠an dirigir oraciones y preguntas para conocer el destino de los hombres. Mediante la construcci√≥n de amuletos, el desarrollo de rituales especiales y la implementaci√≥n de operaciones espec√≠ficas, el hombre podr√≠a haberse defendido contra el poder de las estrellas, tambi√©n ocultas en piedras y metales, obteniendo el poder de capturarlo y usarlo para una elevaci√≥n espiritual.¬†.

El poeta Ludovico Lazzarelli (1450 Р1500) se inspiró en la filosofía hermética, autor de una obra ilustrada con figuras tomadas del llamado Tarot del Mantegna, el De gentilium imaginibus deorum y las operaciones alquímicas también se refirió al autor anónimo del Tarot Sola Busca (ca.1490).

A principios del siglo XVI, algunas im√°genes del tarot, como la Luna y el Sol, se modificaron sobre la base de los tratados iconol√≥gicos de la √©poca y, mientras que la figura de la Torre se enriqueci√≥ con contenidos b√≠blicos, otras fueron Adherido a la iconograf√≠a herm√©tica. De hecho, en la carta de Estrellas, el origen astral del alma est√° representado de acuerdo con la concepci√≥n plat√≥nica, mientras que en el mapa del Mundo est√° representado ese alma del mundo que, seg√ļn¬†Ficino, representar√≠a el elemento mediador entre el hombre y dios.

El Juego del Tarot.

Hacia la primera d√©cada del siglo XV, el pr√≠ncipeFrancesco¬†Antelminelli¬†Castracani¬†Fibbia¬†concibi√≥ en¬†Bolonia, donde resid√≠a, los inicios de este juego de cartas que comenz√≥ a extenderse en Italia en los a√Īos 40 del mismo siglo, y se extendi√≥ r√°pidamente en el siglo XVI por toda Europa. Las cartas del tarot se usaron originalmente en juegos con reglas similares a las del ajedrez y precisamente por este car√°cter ingenioso, el “Ludus¬†Triumphorum”¬†se omiti√≥ expl√≠citamente en las ordenanzas contra el juego emitidas durante el siglo XV.

Gracias a los numerosos documentos del Renacimiento, sabemos que en los salones aristocráticos el juego de los Triunfos estaba en el centro de las diversiones refinadas que consistían, por ejemplo, en inventar sonetos cortesanos o en responder preguntas de diversos tipos relacionadas con las cartas extraídas del mazo. Otra costumbre muy extendida, que sobrevivió hasta el siglo XIX, consistió en apropiarse de las figuras del tarot a personas famosas escribiendo sonetos en ellos, o simplemente lemas, a veces elogiosos, a veces burlescos o decididamente satíricos. En el siglo XVIII se desarrolló una rica producción de cartas del tarot con escenas fantásticas, inspiradas en el mundo animal, la historia, la mitología, las costumbres de varios pueblos.

Pero como se trataba de juegos de azar y juegos de azar, con todas las consecuencias que esto conllevaba, desde el siglo XVI la Iglesia intervino para reprimirlo. Solo cien a√Īos despu√©s de su creaci√≥n, se olvid√≥ el significado cristiano de la escala m√≠stica en la que se estructuraba su orden. De hecho, ya a principios del siglo XVI, un monje predicador an√≥nimo se enfureci√≥ contra los triunfos, llam√°ndolos “opus diaboli y justificando su afirmaci√≥n al afirmar que el inventor de este juego, para arrastrar a los hombres al vicio, hab√≠a usado deliberadamente figuras solemnes como el papa, el emperador, las virtudes cristianas e incluso Dios. El buen religioso tambi√©n escribe que “Si el jugador pensara en el significado de las cartas, se mantendr√≠a alejado de ellas. De hecho, en las cartas hay una diferencia cu√°druple. De hecho, existe el dinero que se escapa de las manos de los jugadores. Y eso significa la inestabilidad del dinero en el jugador, porque tienes que pensar que cuando entras en el juego tu dinero se ir√° al drenaje porque perder√°s. Tambi√©n hay tazas para mostrar en qu√© punto de pobreza llegar√° el jugador, porque sin un vaso lo usar√° para beber una taza. Tambi√©n hay palos. La madera es seca para sugerir la aridez de la gracia divina en el jugador. Finalmente, est√°n las espadas que significan la brevedad de la vida del jugador porque en su mayor√≠a matan. De hecho, ning√ļn pecador est√° tan desesperado como los jugadores. Cuando pierde y no puede tener el punto deseado, la carta o el triunfo, golpea la cruz con dinero, blasfema contra dios o los santos, y con enojo tira los dados dici√©ndose a s√≠ mismo “D√©jame tener una mano.”

A pesar de la condena de la Iglesia, las cartas del tarot continuaron extendi√©ndose, tanto que a partir del siglo XVIII Italia import√≥ las cartas del tarot en Francia, en particular las de la variante “Marsigliese” que inspir√≥ a los¬†fabricantes piamont√©s¬†y lombardo a revivir su producci√≥n. Luego, presionado por juegos m√°s modernos, el tarot desapareci√≥ lentamente. Hoy est√°n muy extendidos en algunos centros en¬†Sicilia, Emilia,¬†Lombard√≠a, Piamonte y el sudeste de Francia. Mientras tanto, sin embargo, las im√°genes del tarot hab√≠an sido objeto de manipulaciones e interpretaciones esot√©ricas que las llevaron a ser consideradas “√≠conos m√°gicos”.

El libro del Tarot.

El nacimiento del tarot como instrumento m√°gico ocurri√≥ a fines del siglo XVIII, en plena iluminaci√≥n, por un “arque√≥logo” muy famoso en ese momento,¬†Antoine¬†Court¬†de¬†G√©belin, afiliado a la masoner√≠a francesa: “Si nos prepar√°ramos para anunciar eso, a la Hoy en d√≠a, hay una Obra que contiene la doctrina m√°s pura de los egipcios escap√≥ de las llamas de sus bibliotecas que no estar√≠an impacientes por conocer un Libro tan precioso y extraordinario. Este libro existe y sus p√°ginas son las figuras del tarot”.

Para justificar sus declaraciones,¬†Court¬†de¬†G√©belin¬†explic√≥ que la palabra¬†tarot¬†se derivaba del egipcio Ta-Rosch: Ciencia de Mercurio (Hermes¬†para los griegos,¬†El tarot¬†para los egipcios), indicando sus muchas propiedades m√°gicas. Estas teor√≠as fueron tomadas de otro mas√≥n,¬†Etteilla, seud√≥nimo de Jean¬†Francois¬†Alliette:¬†‚ÄúEl Tarot es un antiguo libro egipcio cuyas p√°ginas contienen el secreto de una medicina universal, de la creaci√≥n del mundo y del devenir de la raza humana. Fue concebido en 2170 a. C. durante una conferencia de 17 magos presidida por Hermes¬†Trismegisto. Luego fue grabado en placas de oro que se colocaron alrededor del fuego central del Templo de¬†Memphis. Finalmente, despu√©s de varias vicisitudes, fue reproducido por viles grabadores medievales de una manera tan imprecisa como para distorsionar completamente el significado”.

Etteilla¬†devolvi√≥ al tarot lo que √©l pens√≥ que era la forma primitiva, remodel√≥ su iconograf√≠a y lo nombr√≥ el Libro de¬†Tarot. El legado del neoplatonismo y el hermetismo renacentista es evidente en las manipulaciones operadas por¬†Etteilla. De hecho, en los primeros ocho triunfos reprodujo las oraciones de la creaci√≥n; en los siguientes cuatro se√Īal√≥ las virtudes que conducen a las almas de los hombres a la presencia de dios; mientras que en los √ļltimos diez triunfos represent√≥ los condicionamientos negativos a los que est√°n sujetos los seres humanos. Las 56 cartas numerales fueron interpretadas como oraciones adivinatorias para los mortales.

Gracias a estas revelaciones, la moda de la cartomancia explot√≥, pero muchos a√Īos despu√©s el aspecto m√≠stico del Libro de¬†tarot¬†fue¬†revaluado¬†por¬†Eliphas¬†Levi. Denunci√≥ los errores de¬†Etteilla¬†al afirmar que los 22 triunfos correspond√≠an a las 22 letras del alfabeto hebreo. Explic√≥ la relaci√≥n con las operaciones m√°gicas, con el simbolismo de la masoner√≠a y, sobre todo, con los 22 caminos del √°rbol de la¬†Qabbalah, que reflejaban la estructura id√©ntica del hombre y el universo. Al atravesar los 22 canales de la “Sabidur√≠a Suprema”, el alma del hombre podr√≠a alcanzar la contemplaci√≥n de la “Luz Divina”.

Las teor√≠as¬†fueron retomadas por numerosas hermandades ocultistas. Cada uno hizo una nueva baraja de tarot que se ajustaba a su filosof√≠a. Para algunos, el objetivo de los iniciados era tender hacia la creaci√≥n de un gran “Templo Humanitario” destinado a crear el “Reino del Esp√≠ritu Santo” basado en el esoterismo com√ļn a todos los cultos. Para otros, las cartas del tarot representaban las etapas de un viaje individual de elevaci√≥n m√≠stica o incluso exaltaci√≥n ps√≠quica gracias al logro de grandes poderes m√°gicos.

Tarot y Cartomancia.

Ross¬†Caldwell¬†escribe:¬†¬ęEscribiendo desde la corte espa√Īola, Fernando de la Torre describi√≥ en 1450 c√≥mo, con una variante de documentos que estudi√≥, los jugadores pod√≠an cuestionar el futuro para saber a qui√©n amaban m√°s y a qui√©n quer√≠an m√°s y saber muchas otras cosas “(Echando suertes entre ellos √° qui√©n m√°s ama cada uno, y qui√©n quiere m√°s y por otras muchas y diversas maneras). “Echar suertes” significa literalmente “sorteo” y es la expresi√≥n espa√Īola m√°s com√ļn para referirse a la cartomancia, as√≠ como la m√°s antigua que se sabe que est√° vinculada a las cartas”.

“Un testimonio espec√≠fico que explica en qu√© consist√≠a la cartomancia se encuentra solo un siglo y medio despu√©s, pero mientras tanto las cartas a veces se un√≠an a dados y otros m√©todos como formas de” hechicer√≠a “, un t√©rmino que a veces generalmente significa “brujer√≠a”; Pero que, m√°s espec√≠ficamente, era sin√≥nimo de” adivinaci√≥n “. En 1506, Giovanni Francesco¬†Pico¬†della¬†Mirandola, en un cap√≠tulo contra la adivinaci√≥n, incluy√≥ “las im√°genes representadas en un juego de cartas” como una de varias formas de hechizo. A√Īos m√°s tarde, en 1554, el sacerdote y jurista espa√Īol Mart√≠n de¬†Azpilcueta defini√≥ la carta (cartas) como un instrumento de adivinaci√≥n entre los muchos, fuente como todos los dem√°s, del pecado”.

El uso de papeles mágicos fue generalizado en el siglo XVI. XVI y XVII para que los tribunales inquisitoriales intervinieran varias veces para condenarlo. En Venecia en 1586, la Inquisición tomó medidas tras el uso de las cartas del tarot en un ritual realizado en un altar y así en Toledo en 1615.

Se encuentra una relaci√≥n indirecta de las cartas con la adivinaci√≥n en algunos libros de destino italianos y alemanes donde las cartas de juego sirvieron exclusivamente como una herramienta para obtener puntajes y una combinaci√≥n de n√ļmeros y figuras, cualquier valor cartom√°ntico y simb√≥lico que es completamente extra√Īo para ellos. Un ejemplo es el trabajo internos¬†de “Marcolino¬†da¬†Forl√¨”, que apareci√≥ en Venecia en 1540.

A partir de varios testimonios escritos de la √©poca, somos conscientes de que la cartomancia estaba bastante extendida.¬†Merlin¬†Cocai¬†(seud√≥nimo de¬†Te√≥filo Folengo) en su obra, el caos del “Tri”¬†para uno del 1527, escribe en forma literaria una especie de lectura adivinatoria con cartas del tarot similares a la que se usa actualmente, mientras que en Espa√Īa en 1538 (como destac√≥ el historiador de tarots¬†Ross. G.¬†Caldwell) obtenemos un documento escrito por un tal Pedro Ciruelo en el que √©l, junto a los dados y las hojas escritas, inserta la lectura de las cartas (en este caso hechas con¬†las naipes, es decir con las cartas numerales¬†of¬†court) como herramienta de adivinaci√≥n (Adivina por las suertes).

Sabemos que en la Espa√Īa del siglo XVII el uso de la cartomancia estaba bastante extendido, pero es a¬†Bolonia¬†del siglo XVIII al que pertenece el primer documento conocido en el que encontramos la lista de tarjetas con sus significados adivinatorios. Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX que los¬†cartomancia¬†se multiplicaron de un vistazo, especialmente en Francia, gracias a las asombrosas revelaciones de¬†Court¬†de¬†Gebelin,¬†Etteilla¬†y fraternidades ocultas. Se admite com√ļnmente que a fines del siglo XVIII y principios del XIX fueron propicios para los profetas y los adivinos, y no solo en Francia, gracias a la incertidumbre de la situaci√≥n pol√≠tica y la acentuaci√≥n de una grave crisis econ√≥mica.

Entre los muchos adivinos de esa √©poca, a menudo se recuerda a “Madamoiselle¬†Le¬†Normand”, que sab√≠a c√≥mo hacer una fortuna cuidando h√°bilmente su imagen p√ļblica. En sus libros, afirma haber sido el confidente de la emperatriz¬†Josephine¬†y haber le√≠do regularmente los documentos a personajes de la talla de¬†Marat,¬†Danton,¬†Robespiere, Madame de¬†Stael¬†y¬†Talleyrand. La “Sybille¬†des¬†Salons“, como se llamaba Le¬†Normand, fue seguida por un gran grupo de adivinos que intentaron sacar provecho de su arte al declararse alumnos y disc√≠pulos o herederos de la sibila m√°s ilustre.

Otros crearon nuevas barajas de cartomancia basadas en el Tarot egipcio de¬†Etteilla¬†o en las cartas francesas. En la d√©cada de 1850, la adivinaci√≥n con cartas del tarot y naipes en general se hab√≠a convertido en una t√©cnica de adivinaci√≥n extremadamente popular en toda Europa. En esos mismos a√Īos, el renacimiento de las filosof√≠as esot√©ricas dio un nuevo vigor a las artes m√°gicas en general y a la cartomancia en particular.

Durante el siglo XIX, se imprimieron al menos cien mazos de adivinaci√≥n originales, especialmente en Francia, Italia y Alemania, que, en la mayor√≠a de los casos, no ten√≠an nada que ver con las cartas del tarot, sino con los libros de interpretaci√≥n de los sue√Īos.¬†O¬†con la llamada “Lotto¬†Cabala”.

Se puede decir que desde entonces esta moda no ha experimentado una crisis, a excepción de los períodos de guerra. En nuestra opinión, los sociólogos se preguntan erróneamente sobre las causas de lo que vemos.  Ahora hablaremos sobre el tarot esotérico y toda historia y creanción.

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